Login_Conocimiento y creatividad. Idear sin saber qué sabes 5/5

El sábado 21 de mayo organizamos el tercer Login_ del proyecto Login_MicroEmprendimiento_entre_mujeres para investigar las especificidades del microemprendimiento social urbano practicado entre mujeres de la ciudad de Madrid. En esta tercera sesión nos hacemos algunas preguntas sobre qué tipo de creatividad destilan y cómo se transfiere el conocimiento en estos proyectos.

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Gestión y creación

Este Login_ nos ha permitido observar de cerca la tensión entre tiempo y energías dedicados a la gestión, y tiempo y energías dedicados a la creación.

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Desde un tiempo a esta parte, en pro de una mayor democracia y horizontalidad, “los jefes de equipo, de proyecto” han sido reemplazados por “coordinadoras” o “facilitadoras”. La “dirección”, cuando se feminiza, muda de estatus y se convierte en “facilitación”. Y, por lo que hemos visto en este Login_, esa coordinación/facilitación viene a ser una especie de “trabajo doméstico” de los procesos y de los proyectos: multitarea, no  especializado, con grandes exigencias de disponibilidad, en un tiempo que tiende a invadirlo todo. Esas tareas que «lo invaden» todo impiden la dedicación a aquello por lo que pusiste en marcha el proyecto y la materialización de las ideas creativas ligadas a él.

Pero estas condiciones ¿son intrínsecas a toda facilitación/gestión? ¿O hablan de cómo el director o la facilitadora (y todo el grupo) se relacionan con esa actividad de gestión?
En el Login_ anterior (Crecimiento y sentido. Crecer sin acumular) Javier nos habló sobre la práctica el ajedrez federado. Nos explicó que cada equipo tiene un capitán que todas las semanas decide quién juega y quién no, envía las alineaciones, etc. Es decir, realiza trabajo de gestión.

Sin embargo, Javier no empleó esa palabra ni señaló como problema el hecho de que el trabajo de gestión deje al capitán sin tiempo propio para su práctica del ajedrez. Seguramente no lo mencionó… porque no ocurre.Aunque el capitán no tiene porqué ser el “mejor” del equipo (en términos de juego), pues conviene que además de buen jugador tenga capacidad de escucha, ecuanimidad, neutralidad y gestión de conflictos (es decir, de facilitación de la vida colectiva del club), es de suponer que tampoco puede ser el “peor” o el más “tonto”, pues los otros miembros del
equipo le tienen que reconocer méritos y autoridad suficientes como para aceptar su liderazgo. Por tanto, un capitán que haga una muy buena facilitación pero que descuide o se quede sin tiempo para la práctica propia del ajedrez no sería funcional a la dinámica del equipo. Y no se espera que haga eso.

La socialización de género hace recaer en el tejado masculino lo relativo al hacer (la actividad), mientras que en el tejado femenino recae lo relativo al ser (la naturaleza). La socialización masculina tiene, con la actividad (las aficiones, las pasiones, las obligaciones…), una relación distinta de la femenina, pues para la socialidad masculina el “hacer” es constituyente de su identidad. El capitán de equipo es “el capitán” y, por esa posición, que ocupa pública y reconocidamente, está obligado a tomar decisiones y “gestionarlas”. Una buena “gestión” refuerza al equipo y al mismo tiempo refuerza su liderazgo. Por eso, de alguna manera, mientras “gestiona” y trabaja para el colectivo, sigue trabajando “para sí”.

Entonces, volviendo a la tensión entre tiempo y energías dedicadas a la gestión, y tiempo y energías dedicadas a la creación, ¿cómo nos estamos relacionando, en nuestros emprendimientos, con el trabajo de gestión? ¿Qué es lo que hace que no lo sintamos ni creativo, ni constructivo para el proyecto, ni fuente de desarrollo personal o profesional? ¿Qué es lo que hay en la gestión, o en la manera de relacionarnos con ella, que nos hace sentirla como una carga añadida y costosa, y no como un espacio de creación? ¿Y qué de todo esto tiene que ver con la socialización de género?

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Login_Conocimiento y creatividad. Idear sin saber qué sabes 4/5

El sábado 21 de mayo organizamos el tercer Login_ del proyecto Login_MicroEmprendimiento_entre_mujeres para investigar las especificidades del microemprendimiento social urbano practicado entre mujeres de la ciudad de Madrid. En esta tercera sesión nos hacemos algunas preguntas sobre qué tipo de creatividad destilan y cómo se transfiere el conocimiento en estos proyectos.

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La Liminal, el nacimiento de un emprendimiento

 

Después de comer vamos a Intermediae, en Matadero. Matadero es un espacio enorme, con edificios de ladrillo, al que accedemos desde el parque de Madrid Río. El calor de una primavera tardía ha llegado de repente y nos ha jugado una mala pasada. Llegamos a la oficina de Intermediae soñando con la sombra y el agua fresca.

Intermediae es un espacio de producción de proyectos artísticos basado en la experimentación y el aprendizaje compartidos que se pregunta si es posible fortalecer la producción cultural de una ciudad a la vez que se dialoga con el contexto internacional y se mantiene una vocación de proximidad con un público más amplio. Su equipo, ha diseñado y conseguido que se lleve a cabo la convocatoria Una Ciudad Muchos Mundos. Este Login_ que te estamos relatando forma parte de uno de los proyectos de investigación seleccionados.

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Esta visita es un pequeño gesto de reconocimiento al equipo y al lugar en el que se gestó la convocatoria. Además, Intermediae es un buen lugar para conocer La Liminal, un proyecto muy joven de dos mediadoras culturales. Yolanda y Beatriz se conocieron trabajando de mediadoras culturales en el Centro Nacional de Arte Museo Reina Sofía. Ambas son mediadoras culturales en museos y
centros de arte. Les interesa trabajar con la ciudad, la mediación expandida y la mirada de género: y, para ello, crean La Liminal, una asociación sin ánimo de lucro.

Explorando los bordes

Liminal es un concepto de antropología que nombra el umbral, la zona desdibujada que hay justo antes de la transformación, entre lo que había y lo que habrá y esta es la zona en la que les interesa trabajar. A Bea y a Yolanda les gusta hablar de “liminalizar” la ciudad: poner en cuestión lo  hegemónico y proponer otros significados, visibilizar los discursos que tiene la ciudad, evidenciar lo que está naturalizado, supuestamente neutro y también las historias ocultas, las que son sepultadas, a la vez que se genera una reflexión colectiva. Mientras “daban vueltas” a cómo crear una estructura para trabajar estos temas de manera sostenible, en noviembre del 2015 se abrió la convocatoria de Se Alquila, un festival de arte contemporáneo que cada año se celebra en un espacio abandonado o infra-utilizado de la ciudad, permitiendo a jóvenes artistas mostrar su obra. Ese otoño, el festival Se Alquila, se celebraba en el barrio madrileño de Pacífico y abría un marco de reflexión sobre lo
público. La Liminal presentó una actividad educativa, un recorrido por los monumentos y los espacios cotidianos del barrio en busca de la memoria de las mujeres y a partir de
este momento la actividad de la asociación ha sido intensa.

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A la actividad que organizaron para pasear por el barrio de Pacífico, le siguió un recorrido por la exposición de Constant en el Reina Sofía y de ahí han pasado a redescubrir la historia de las cigarreras en el barrio de Lavapiés. La Liminal trabaja convirtiendo los recorridos que organizan en espacios de investigación colectivos. Indagan en las temáticas y los barrios que exploran, trabajo de ratón de
biblioteca que busca y rebusca todo aquello generado y lo ponen en movimiento, ofreciendo recorridos para pequeños grupos. En el paseo, el conocimiento se colectiviza y se pone en movimiento posibilitando una investigación orgánica, viva, que se transforma mientras sucede con lo que está pasando y con las aportaciones del grupo que cada vez la conforma.

El hecho que Bea y Yolanda sean mediadoras culturales atraviesa por completo el planteamiento de sus actividades: No se trata sólo de elaborar rutas en las que ellas compartan sus conocimientos sino de romper las jerarquías, romper la barrera experta/guía – visitante y construir sobre la marcha un relato mientras se camina.

Su idea es plasmar cada recorrido en un objeto en el que incluir el conocimiento previo y los descubrimientos que se dan durante y después: Hacer tangibles las rutas permite mostrar los hallazgos de la investigación, acoger las aportaciones de la colaboración, valorando los saberes que se han activado en cada paseo. La construcción de este producto, en el caso de la ruta de las cigarreras por Lavapiés, ha sido, por ejemplo, un fanzine.

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Precios asequibles para cualquiera es una de las máximas de La Liminal y la sostenibilidad del proyecto y cobrar dignamente por su trabajo de investigación y facilitación, también. La cuestión económica dentro del ámbito de la cultura y la necesidad de salir de la precariedad como trabajadoras de este campo es crucial para Bea y Yolanda. El precio de cada ruta es un intento de obtener la media entre el trabajo que implica diseñar y hacer la ruta y que sea un precio asequible para las personas para las que está pensado el recorrido. Sus criterios son: estar ambas en el recorrido siempre que sea posible, mantener grupos pequeños de entre 15 o 16 personas y pensar recorridos de alrededor de 2 horas. Están cobrando 10€ por persona incluyendo el “objeto resultado”.

¿Es La Liminal un emprendimiento?

En la actualidad, tanto Yolanda como Bea, compaginan La Liminal con otros trabajos. Casi siempre son pequeños y no muy bien pagados por lo que hay que decir que sí a muchas cosas para conseguir tener renta de manera un poco más estable, razón por la cual exploran maneras que les permitan estabilizar la entrada de ingresos a través de las actividades de la asociación. La Liminal además, tienen componente de activismo muy importante. Surge de una voluntad muy fuerte de reivindicar los relatos que se pierden por no ser hegemónicos, la historia oral que no reflejan los libros ni los monumentos, la realidad cotidiana que sostiene las vidas y sin embargo no existe. A la vez, pretende ser una alternativa laboral, deseando encontrar un equilibrio entre el tiempo que dedican a la actividad y la renta que puedan lograr.

El proyecto tiene las dos dimensiones, por un lado la activista que reivindica otra historia y otra ciudad e intenta contribuir a generar nuevos y diversos usos y por otro lado, la posibilidad de cobrar por un trabajo bien realizado. Plantean que a menudo en el mundo de la cultura parece una contradicción cobrar cuando lo que haces te apasiona. Ellas reivindican un salario digno por una actividad que les encanta, que realizan con pasión y profesionalidad.

Algunas de las intervenciones del grupo plantean la necesidad de visibilizarse como agente económico incorporando el placer al trabajo y reivindicando estas temáticas y metodologías. La ideología y la pasión no quitan valor al trabajo, al contrario.

¿Puede una mirada transformar la ciudad?

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Yolanda y Beatriz están atentas a cómo su actividad se relaciona con la ciudad. ¿Está La Liminal gentrificando la ciudad? ¿Qué implicaciones tiene que grupos de personas «turisteen» los fines de semana los barrios que recorren? ¿Mostrar lo oculto y valioso puede tener como consecuencia la explotación y pérdida de identidad o autenticidad de los espacios visitados? Un pequeño grupo que se reúne para charlar en la calle es algo que, de alguna manera, transforma la ciudad. “Durante el recorrido pasan muchas cosas, -nos cuenta Yolanda-, investigamos en marcha, estamos apropiándonos de la ciudad, siendo conscientes de que la ciudad no está hecha para mirar, para pasear, para los grupos, percibes la necesidad de guarecerte porque los espacios son duros, de paso, te expulsan”.
Bea y Yolanda nos dicen que este es un tema sobre el que mantienen una vigilancia permanente. No quieren contribuir al predominio del uso turístico de la ciudad sino utilizar una herramienta del turismo para generar dinámicas contrarias a las del turismo. Las vecinas se acercan y comentan su vivencia sobre los elementos que están observando y las personas que participan en la ruta, aportan durante, y una vez se ha concluido el recorrido con sus reflexiones, documentación o imágenes. La experiencia de la ruta actúa como un disparador, ofreciendo nuevos puntos de anclaje a lo que ya conocías y transformando lo que conocerás a partir de la vivencia.

La ciudad está llena de gente y de espacios de paso. Los recorridos que organizan muestran la dificultad de pasear en grupo, de pararse en una plaza a observar y charlar, las consecuencias de las aceras estrechas, la dificultad de encontrar un espacio para sentarse sin el que sea necesario consumir. La vivencia “lenta”, como paseante sin prisa de la ciudad, hace evidente la necesidad de algunos cambios que conviertan lo urbano en más habitable. Introducir, junto a los contenidos de corte historiográfico, temas transversales como la vida cotidiana, los cambios en los usos de los espacios urbanos, las emociones o la observación atenta del espacio y de quién lo habita, suscita usos y vivencias de la ciudad más inclusivos, contrarios a lo que pretende la gentrificación.

Investigar desde otro enfoque

La Liminal plantea que lo que hacen es investigación “en marcha, orgánica, colectiva”. Se identifican con la metodología de los Login_, que tampoco pretende ser absoluta. Beatriz y Yolanda, quieren transformar el concepto de investigación. “Investigadora es quien investiga” nos dicen. Abogan por salirse del método, del marco cerrado que se corresponde con la métrica académica y defienden la investigación como exploración, abogando por la parcialidad para alcanzar matices y realidades no absolutas.

Partiendo de una crítica a lo académico, que sólo permite la investigación “cuadriculada”, y a la institución cultural, que pretende mostrar la multiculturalidad, y, en realidad, muestra lo hegemónico, sus actividades combinan la historia de los lugares que pasean atravesada por la cotidianidad, las emociones y la observación del espacio, e invitan a jugar con la mirada para descubrir qué hay, qué no hay y reflexionar sobre por qué es de esa manera.

 

 

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Login_Conocimiento y creatividad. Idear sin saber qué sabes 3/5

El sábado 21 de mayo organizamos el tercer Login_ del proyecto Login_MicroEmprendimiento_entre_mujeres para investigar las especificidades del microemprendimiento social urbano practicado entre mujeres de la ciudad de Madrid. En esta tercera sesión nos hacemos algunas preguntas sobre qué tipo de creatividad destilan y cómo se transfiere el conocimiento en estos proyectos.

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Altrapo Lab, transformar el mundo a través de la ropa

 

Desde Vallecas, en metro, volvemos al centro. Sorteando gente que aprovecha el mediodía del sábado para ir al mercado o de vermut, desde Tirso llegamos al parque La Cornisa. Allí, Zaloa nos presenta su proyecto y el lugar en el que se ubica: La Quinta del Sordo, que es una comunidad de artistas, empresas y diseñadoras/es que desarrollan sus proyectos en un espacio compartido. Tiene tres plantas: una que se usa como oficina para empresas, otra se usa como taller para artistas y la tercera es un espacio para proyectos. Ella, junto con las otras tres personas con las que forma equipo, ha alojado allí el taller laboratorio de su proyecto de reciclaje textil creativo.

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Altrapo Lab surge cuando Zaloa comienza a enseñar a coser a una amiga. Se les ocurrió que juntas podrían poner en marcha algún tipo de emprendimiento. En esos encuentros, empezaron a tomar conciencia del impacto medioambiental y socio-laboral que tiene el ciclo de la producción y el consumo de ropa y se preguntaron: ¿qué se puede hacer con tanta ropa que sobra?

Al principio empezaron en casa, pero necesitaban un local, sobre todo para impartir los talleres. Desde entonces han pasado cinco años y la misión de Altrapo se ha ido definiendo. Zaloa lo ve como un proyecto de moda sostenible, de compra responsable, de reciclaje textil y de costura creativa. También hacen talleres de formación en costura más al uso, para recuperar habilidades que poco a poco se han ido perdiendo y talleres de sensibilización sobre los impactos negativos del ciclo de la ropa. Recientemente, también hacen talleres de formación orientados al empleo de mujeres y de personas con capacidades diversas.

Más o menos van saliendo adelante. Tienen media jornada y hacen trabajo voluntario. Son asociación pero van a ser cooperativa. En La Quinta del Sordo, dicen, hay vida en común: “Hablas con gente, y de la conversación surgen ideas”. Valoraron alquilar un taller para ellas solas, pero lo han descartado. En la Quinta estás con otras, es un espacio vivo.

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Al preguntarle si Altrapo es un proyecto de transformación social no duda ni un momento: Dice que sí y que “cuando tomas conciencia sobre todo esto, cambias tus decisiones”. “Yo no era mucho de ir de compras -afirma Zaloa-, pero ahora ya no quiero comprar en esas tiendas. Y no quiero que a mis hijos les regalen ropa comprada ahí. No se trata de crear culpabilidad, pero sí de ser consciente”.
En otros ámbitos, como por ejemplo en la alimentación, hay muchas más alternativas éticas y prácticas: muchas tiendas, grupos de consumo, etc. Con la ropa no somos tan conscientes de los impactos negativos: en primer lugar, el impacto directo sobre el cuerpo y la piel, en forma de alergias, por ejemplo, por los tratamientos químicos y tintes que contienen productos tóxicos. Pero además, nos dice Zaloa: “Medio mundo está esclavizado para que podamos comprarnos ropa barata”.

Todavía no hay muchas alternativas para comprar y vender productos textiles responsables. El coste de la fabricación es alto y es difícil abrir canales de comercialización. Si vendes en una tienda, el precio final se encarece porque la tienda necesita su margen de ganancia. Por esta razón, Altrapo opta por la venta directa aunque todavía no tienen web de venta online. La ropa de marcas sostenibles suele resultar muy cara, pero más allá de lo caro o lo barato, lo que nos plantea Zaloa como punto central es que no necesitamos tanta ropa. En el mundo ya hay suficiente ropa ya fabricada como para vestir a toda la humanidad.

Mujeres y ropa

Se debate sobre cómo la costura ha sido una actividad sobre todo de mujeres. La mujeres de cincuenta años han renegado de la costura, y los feminismos también la han rechazado. Así, se ha perdido conocimiento y si se te hace una raja en la ropa no sabes coserla y te compras una nueva. En este punto, Zaloa afirma con rotundidad que la costura es una herramienta de
empoderamiento muy buena. “La costura te hace volver a creer en ti”. Pero también hay un reverso: la presión social por ir a la moda a bajo coste. Y la actividad de ir de compras practicada como actividad de ocio. No solo es que te guste ir bien vestida, sino que tu plan para el sábado por la tarde es ir de compras. Un entramado mercantil entre ocio y realización personal. Es terrible pero es así.
Cuenta cómo una abuela le explicó que le daba mucha pena que sus nietos no estrenaran ropa. Quizás no sea malo del todo estrenar algo de vez en cuando, pero desde luego hay que reducir las compras textiles.

Creatividad

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Como ellas imparten muchos talleres, les preguntamos si la gente, en general, se considera creativa. Y nos dice que no mucho. Que la gente dice “coser no se me da bien” o “yo no soy creativa”. Y, además, se auto-exige hacer las cosas perfectas. Pero, según Zaloa, la creatividad es un músculo que se trabaja. Si te pones a hacer cosas, te vienen ideas. Nos han educado para “valer” o “no valer”, y mucha gente ha interiorizado que “no vale”. Los talleres de Altrapo no son para formar a modistas. Tampoco buscan un resultado perfecto, si estás aprendiendo a coser, la costura puede salir un poco torcida. Muchas veces la ropa de confección industrial está muy mal hecha y sin embargo, a lo que hacemos nosotras mismas le exigimos que sea perfecto. Sí les parece importante llevarse a casa algo hecho por ti, un trabajo terminado y no dejarlo a medias. La satisfacción de acabar una prenda te hace olvidar los pequeños defectos.

Igual, pero diferente

Al preguntarles cómo es en concreto su manera de producir prendas, explica que al principio hacían prendas únicas, pero eso llevaba mucho trabajo. Ahora hacen prendas “en serie”, es decir, basadas en modelos que se repiten. Es un intento por mantener precios ajustados y hacer el proyecto sostenible. Si necesitas un rectángulo grande, por ejemplo, lo sacas de una pierna de pantalón. Y así, vas cortando pedazos “estándar” con los que componer el modelo. Es trabajoso y después hay que coser: En coser una mochila, por ejemplo, se tardan tres o cuatro horas. Y a ello hay que añadirle todo lo demás: local, herramientas, espacio de almacenaje, tiempo de clasificación de la ropa que les entra para reciclar, etc.

Pero como coser es una actividad mecánica, para evitar caer en una rutina total van sacando modelos nuevos. Un miembro de Altrao es diseñador y tiene la inquietud de diseñar cosas nuevas, seguir sacando nuevos productos. Ahora están empezando con alpargatas. Nos enseña las que lleva. ¡Son preciosas!

Artesanía y formación

Cuando le pedimos que defina un poco más con qué palabra clave describiría lo que hacen en Altrapo, Zaloa piensa un poco y responde que lo que hacen es artes anía y formación. Antes se reciclaba todo por necesidad. Ahora se ha renegado de esa necesidad y las generaciones que han pasado necesidad quieren abundancia y consumo. Pero aprender a coser y practicar la costura sigue siendo bueno. La propuesta de Altrapo es que no hay que coser solo para ahorrar dinero. Es, sobre todo, para ahorrar emisiones de CO2 y para ahorrar otros costes medioambientales y socio-laborales. A la gente joven (tanto chicos como chicas) le gusta aprender a coser porque pueden personalizar su ropa, “tunearla”. Cuando aprendes a coser, valoras que coser es una actividad de ocio que reconforta. Es algo que haces por placer y que haces con las manos. Te juntas con otras a coser y… “pasan cosas”.

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También “pasan cosas” cuando te sientas en círculo a comer en un parque. Hemos llegado al ecuador de este Login_. Buscamos la sombra y repartimos bocadillos de tortilla y pimiento verde. Tenemos tres cuartos de hora para picar algo y caminar hasta el siguiente destino.

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Login_Conocimiento y creatividad. Idear sin saber qué sabes 2/5

El sábado 21 de mayo organizamos el tercer Login_ del proyecto Login_MicroEmprendimiento_entre_mujeres para investigar las especificidades del microemprendimiento social urbano practicado entre mujeres de la ciudad de Madrid. En esta tercera sesión nos hacemos algunas preguntas sobre qué tipo de creatividad destilan y cómo se transfiere el conocimiento en estos proyectos.

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Omnívoros. Un espacio para la creación de gestión colectiva

Atravesando el patio entramos en Omnívoros . El espacio está dividido en varias salas y al fondo hay un taller amplio de techos altos, con multitud de herramientas y varias zonas de trabajo. Huele a madera, cola, barniz. Es agradable y espacioso. Allí nos recibe Maite, una de las promotoras del proyecto.

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Maite se presenta con unas pinceladas de su currículum: es licenciada en Bellas Artes, artista y comisaria y gestora cultural para proyectos propios y ajenos. Nos habla de su trabajo en el Espacio Menosuno desde 2005, un espacio colectivo situado en el barrio de Malasaña y la dirección de IN-SONORA, un festival, que sirve como plataforma de apoyo y difusión al arte sonoro e interactivo emergente.

El proyecto Omnívoros se define en su propia web como un taller de producción artística de alto rendimiento que se ubica en un espacio de trabajo cooperativo gestionado asociativamente.
Maite nos explica que Omnívoros nace del interés propio y de las otras dos personas promotoras, de trabajar en colectivo, de abrir espacios de experimentación y producción artística para gente joven. Por eso, ofrece diversas tarifas y formatos para asociarse que se adaptan a las necesidades, tiempos y presupuesto de artistas y creadores/as.

Las personas que pasan por Omnívoros lo hacen dependiendo del uso concreto que necesitan para el trabajo que van a desarrollar: por ejemplo, hay artistas que tienen estudio propio pero eventualmente necesitan un espacio más grande, donde quepa maquinaria de mayor tamaño. Otras personas usan el espacio como lugar de trabajo estable. A cambio del uso del espacio y de las herramientas, se aporta una cantidad de dinero que se re-invierte en materiales y en mejoras de las condiciones del local de trabajo. De esa forma, el proyecto se renueva y se adapta a las necesidades de quién lo habita y la cuota se adecua al uso.

Han detectado que quienes más se interesan por usar el espacio son quienes se dedican al diseño o la arquitectura. Esto les ha sorprendido porque creían que serían los y las artistas plásticas, quienes tendrían más necesidad de un espacio de estas características. Sin embargo, aspiran a que las personas que usan el taller y la oficina, se involucren en la gestión de la asociación y formen parte activa de ella.

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¿Coworking?, ¿emprendimiento?, ¿comunidad? ¿Qué necesita la creatividad?

Pretenden huir de la precariedad y tender a un desarrollo profesional. Observando el espacio nos preguntamos, ¿es Omnívoros un emprendimiento? Maite no lo como un proyecto empresarial porque no produce salarios. Nadie obtiene renta de la gestión del espacio. La idea es que el propio espacio sea sostenible a través del pago de las/os socias/os más estables, que se han implicado en el corazón del proyecto, y los ingresos de las/os socias/os itinerantes se dedican a ampliar herramientas y mejoras. Por eso, tampoco entienden Omnívoros como una espacio de coworking porque ello equivaldría a una estructura donde cada cual tiene una mesa de trabajo o un estudio individualizado sin interés por lo que ocurre alrededor.

Conoce artistas que trabajan de manera aislada aunque su creatividad se “alimenta” relacionándose en espacios de socialización tales como bares o fiestas. Ella y sus socios, apuestan por alimentar su creación a través del espacio de trabajo. Su idea de Omnívoros se acerca a la de una comunidad que se crea por interés mutuo en lo que realiza la persona que se tiene cerca, en el entendimiento de las otras propuestas artísticas. Maite nos cuenta que “se caen bien”. No entra cualquier proyecto: para ella es difícil imaginar la posibilidad de compartir el espacio con personas que se dedican a la pintura de paisajes, por ejemplo. Cree que, aunque las prácticas sean diversas, deben de “poder hablarse”, entenderse.

Están convencidas/os de que estar cerca de otras personas favorece la creatividad. Han constatado que el taller grande y el despliegue de herramientas tiene un efecto multiplicador, haciendo que haya artistas que recuperen técnicas abandonadas desde la facultad o la escuela de artes porque llevarlas a cabo en tu casa o en pequeños estudios resulta demasiado caro o complejo. De esta forma, Maite afirma, los medios disponibles condicionan lo que puedes crear. Para Maite, la creatividad está totalmente vinculada a la acción, al hacer. Ya no se dedica a presentarse a concursos o becas. Lamenta que muchas ideas artísticas se “esfuman” porque se carece de medios para materializarlas, lo que genera en algunos artistas una insatisfacción que apaga la energía creativa. Su apuesta es “salir del mundo de las ideas” y lanzarse a la producción, a la materialización de esas ideas.

¿Crear y/o gestionar?

 

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Cuando se pregunta a Maite por su propia producción como artista explica que su interés se dirige al mundo de la instalación y de lo audiovisual y su apuesta es “crear con otras personas y con lo que hay”. Sus últimos trabajos han sido así, en colaboración con otras personas y utilizando los materiales que se encontraban en el mismo espacio. También dedica mucho tiempo a tareas como gestora cultural, sobre todo en la organización del Festival In Sonora. Entre las causas por las que dedica menos tiempo a su propia creación señala el tiempo que dedica a otros trabajos, a la crianza, a la gestión cultural y señala que las tareas que desarrolla con el ordenador condicionan la aptitud mental para producir en el ámbito de lo manual. Surge un pequeño debate sobre los límites del trabajo a través del ordenador: en general se ve que estamos ante un momento donde hay un déficit de trabajo físico, de uso de las manos que va en detrimento del desarrollo creativo. ¿Por qué la tecnología “devora” el tiempo para crear?, se pregunta una de las asistentes.

Maite apunta a un doble plano en lo que respecta al uso de las tecnologías. Por un lado, cuando comenta que el uso del ordenador marca el tipo de apuesta artística, se refiere a que favorece el desarrollo de propuestas conceptuales, basadas en las ideas, frente a propuestas tangibles.  Lo que Maite sugiere es que el uso mismo del ordenador dispone la actitud mental que favorece ese tipo de propuestas, mientras que ella prefiere propuestas más vinculadas a la producción “con las manos”, basadas en la fisicidad del objeto creado. Por otro lado, habla de la cantidad de tiempo que se dedica a tareas que se realizan con el ordenador: recibir y contestar correos electrónicos, por ejemplo, tareas de gestión que restan tiempo a la producción creativa. Maite nos habla de la enorme satisfacción que supone la gestión del Festival In Sonora pero señala la carga de trabajo que implica.

Una participante señala que hay propuestas feministas que indican que la creación ha de tender al equilibrio entre manos, cerebro y corazón y se plantea una pregunta: ¿hay una tendencia entre las mujeres a dedicarse más a la gestión y a la mediación cultural que a la producción? Nuestra anfitriona responde intuitivamente de forma afirmativa y surge un debate en torno a las causas de que sea así. Nos hacemos la misma pregunta y tratamos de entender qué sucede con las mujeres que han habitado Omnívoros y por qué no se han incorporado al equipo de personas socias fijas. No tenemos muchas respuestas, con los interrogantes rebotando por el taller recogemos las sillas y avanzamos hasta el siguiente punto del recorrido, otra parada en la realidad compleja.

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El sábado 21 de mayo organizamos el tercer Login_ del proyecto Login_MicroEmprendimiento_entre_mujeres para investigar las especificidades del microemprendimiento social urbano practicado entre mujeres de la ciudad de Madrid. En esta tercera sesión nos hacemos algunas preguntas sobre qué tipo de creatividad destilan y cómo se transfiere el conocimiento en estos proyectos.

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Nos encontramos en una cafetería en Puente de Vallecas, a cinco minutos del metro, caminando por Peña Prieta. Entramos en un bar de barrio en el que nos dejan ocupar el comedor, para encontrarnos, tomar café y presentar la investigación y este tercer Login_. Y, sin más, empezamos.

¿Emprenden las mujeres de forma diferente?

En esta ocasión Raquel Mezquita es la co-investigadora invitada. Nos ofrece unas pinceladas de contexto poniendo en común las preguntas que ella misma se ha hecho. Las mujeres ¿emprenden igual que los hombres? Sus emprendimientos, ¿tienen el mismo significado socioeconómico que el de estos? ¿Se han de interpretar de la misma manera? ¿Habría que aplicarles el mismo paradigma de análisis? El hecho de que las mujeres emprendan es un fenómeno relativamente reciente y arriesgado en este país: hasta 1981, las mujeres aún debían pedir permiso al marido para poder trabajar, cobrar un salario, ejercer el comercio, abrir cuentas corrientes en banco, etc. En estos años, muchas mujeres han ido incorporándose al mundo del trabajo, con una tendencia mayoritaria al empleo “fijo”. El que las mujeres pongan en marcha proyectos de trabajo por cuenta propia, sea cual sea la forma que elijan, es, de sí, excepcional. Podemos observar los emprendimientos de las mujeres y preguntarnos hasta dónde llega el mandato de género, de qué maneras actúa la socialización diferenciada, y cuáles son las debilidades y fortalezas de estos emprendimientos atendiendo a esto.

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¿Cómo transferir el conocimiento y sobre todo el valor de los conocimientos?

En el primer Login_ de esta investigación se nos planteó el siguiente marco: una organización social que estaría asociada a una triple división: producción / reproducción, público/ privado, cualificado /
descualificado, lo femenino, lo segundo de cada par, subalterno de lo primero. A ese mismo paradigma parece corresponder la distinción entre “saber hacer” y “conocimiento”: el “saber hacer” sería ese tipo de conocimiento basado en la experiencia, práctico, intuitivo, no experto, de transmisión oral, todo lo relacionado en amplio sentido con lo doméstico, algo que se muestra tan encarnado que parece una saber naturalizado cuando responde a una diferenciación cultural. “No se nace mujer, llega una a serlo”, decía Simone de Beauvoir.

En este marco, poner en valor esos saberes implica actuar en distintos planos:
– En lo social: “elevar” el rango de esos saberes, contribuir a su prestigio, darles reconocimiento, visibilidad: Un cambio cultural, un desplazamiento del paradigma que establece que hay saberes de primera clase, los académicos, expertos, técnicos, y saberes de segunda.
– En lo económico: dar respuesta a preguntas tales como: ¿cuál es el precio de esos saberes y de los productos objeto de ellos? ¿Qué corresponde a su valor?
– En lo subjetivo: la apuesta interna de las mujeres emprendedoras por ganar confianza y construir autonomía.

Todo ello requiere de esfuerzo creativo.

¿Qué tipo de creatividad destilan los microemprendimientos de mujeres en la ciudad de Madrid?

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¿Qué necesitan las mujeres para crear? Virginia Woolf se hizo esta pregunta aplicada a la literatura, ¿qué necesitan las mujeres para escribir? Y respondió: una habitación propia, un espacio de tiempo, físico y sobre todo de autonomía económica. Ahondando en esa pregunta, Woolf escribió en otro artículo: “Descubrí que si quería dedicarme a la crítica de libros tendría que librar una batalla con cierto fantasma. Y ese fantasma era una mujer y cuando conocí mejor a esta mujer, le di el nombre de la poesía el ángel de la casa. Ella era quien solía obstaculizar mi trabajo, metiéndose entre el papel y yo. Ella era quien me estorbaba, quien me hacía perder el tiempo, quien de tal manera me atormentaba que al fin la maté (…) Era intensamente comprensiva. Era intensamente encantadora. Carecía totalmente de egoísmo (…) Se sacrificaba a diario. (…) Hice cuanto pude para matarlo, mi excusa sería la legítima defensa, si no lo hubiera matado, él me hubiera matado a mi (…) Entonces dar muerte al ángel de la casa formaba parte del trabajo de las escritoras”.

Puedes, por tanto, estar en tu cuarto propio, en ese espacio de autonomía y darte de bruces con los límites de tu subjetividad creativa: ¿cuántos de esos límites son achacables a la socialización de género? ¿Cuántas de las dificultades tienen que ver con el fantasma del ángel de la casa?

Raquel nos propone acceder a las realidades complejas que visitaremos en este marco:
– Observar los emprendimientos o proyectos, en conjunto como un “hecho creativo”: atender a lo que se produce y a cómo se produce, cuál es el marco de relaciones, entender el mismo acto de emprender como un acto de creación.
– Si intentan poner en valor, en los planos que se indican.
– Si son infraestructuras que responden a la metáfora del cuarto propio.
– Si en esas infraestructuras se cuela el fantasma del ángel de la casa, como obstáculo y si habría que “darle muerte”.

Con todas estas preguntas nos desplazamos hasta el siguiente punto.

Aquí puedes continuar leyendo el relato del Login_Conocimiento y creatividad. Idear sin saber qué sabes.

Puedes descargarte el relato completo en pdf.

Login_Crecimiento y sentido. Crecer sin acumular 6/6

El sábado 13 de febrero organizamos el segundo Login_ del proyecto Login_MicroEmprendimiento_entre_mujeres para investigar las especificidades del microemprendimiento social urbano practicado entre mujeres de la ciudad de Madrid. En esta segunda sesión nos hacemos algunas preguntas sobre cómo construir relaciones confiables y duraderas y a la vez dinámicas y flexibles.

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Planes y modelos

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Tradicionalmente se ha explicado que la buena manera de abordar un emprendimiento es hacer el plan de empresa (también llamado plan de negocio). El plan de empresa es un documento que identifica, describe y analiza la oportunidad del emprendimiento, examina su viabilidad técnica, económica y financiera, y desarrolla todos los procedimientos y estrategias necesarios para convertir esa oportunidad en un proyecto empresarial concreto.

Hasta hace poco era la principal herramienta para decidir si el proyecto era lo suficientemente sólido, o si era necesario reconducir algún aspecto comercial, productivo, organizativo, financiero…

Lo bueno del caso es que después de haber hecho un sesudo plan de empresa enseguida ves que no se cumple. Lógico, porque el futuro no se conoce y no se controla. Entonces ¿por qué hacerlo? ¿Tiene sentido dedicar tiempo y esfuerzo a hacer proyecciones de futuro que no se cumplirán? ¿O es un esfuerzo desperdiciado?

La respuesta, desde la asesoría de empresas, es que el plan de empresa, aunque no se cumpla, es útil porque da seguridad y porque proporciona un mapa que no elimina la incertidumbre pero orienta para moverse en ella. Y es cierto que proporciona un mapa, porque el plan responde a un modelo (implícito o explícito, dominante o disruptivo…).

Un modelo explica cómo las cosas son y, aunque no sirve para explicar bien ninguna cosa en particular, aspira a explicarlas bastante bien todas en general. Valga la metáfora de los patrones de costura. Si quiero hacer un vestido se me recomienda que use algún sistema de patrones. Usar patrones aporta eficiencia. Es cierto que el patrón no lo puedo aplicar tal cual, porque responde a una modelización de cuerpo humano abstracta, que no existe en ningún cuerpo particular. Pero, con pequeñas correcciones, puedo adaptarlo a cualquier cuerpo… siempre que ese cuerpo esté suficientemente cercano a la norma. Porque, si no es así, voy a tener que hacer tantas correcciones que el propio patrón actuará como un obstáculo y, en lugar de facilitar, me complicará la tarea.

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¿Cuál es el modelo que estoy aplicando en la elaboración del plan? ¿El patrón que he tomado, es bueno para la forma de mi cuerpo social?

El primer Login_de esta serie de Login_s nos ayudó a comprender cómo el emprendimiento persigue, sobre todo, activar el cambio subjetivo que precisa la nueva matriz productiva neoliberal. Pues bien, esa nueva matriz productiva neoliberal propone, también, cambios en la manera de modelizar los emprendimientos.

Una start-up nunca hará un plan de empresa porque el plan de empresa le resulta lento, poco flexible, demasiado preciso, demasiado exhaustivo y demasiado costoso de modificar. Por el contrario, echará mano de alguna metodología innovadora que resulte ligera y flexible, aunque sea tan poco precisa como lo que cabe en un conjunto de “post-its”. Con metodologías innovadoras, si hay que hacer algún cambio será tan rápido como mover un papelito de casilla o sustituirlo por uno nuevo.

Si las herramientas de la economía social y de la economía neoliberal no son tan distintas, entonces no se trataría de arremeter contra las metodologías de los notas autoadhesivas de colores, sino de parar un momento a observar el modelo, ese que nos dice cómo las cosas son. Porque, si el modelo idealiza demasiado, como dice la antigua sabiduría, caminas mirando la luna a riesgo de caer en un pozo.

El modelo que estoy usando ¿incorpora el hecho de que la otras, en algún momento, tendrán intereses que no estarán alineados con los míos?

En el modelo neoliberal, con post-its o sin ellos, eso es una premisa, algo que no se discute. Precisamente esa no alineación, dicen, será la fuente de cambios y nuevas oportunidades. Por eso, dicen, es mejor ir por el mundo sola, a tu aire. Aunque, eso sí, con muchos buenos contactos.

Se abre ahí, tal vez, la ocasión de modelizar un cuarto a la vez propio y a la vez compartido. Un cuarto propio compartido que, claro está, no es un coworking lleno de post-its. Pero tampoco es ese lugar soñado en el que las otras siempre estarán ahí… Oh, mejor dicho, casi seguro que siempre habrá alguien ahí, pero no en el modo que tú tenías previsto.

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*+*Las fotos de esta entrada son de Lukasz Michalak.

Login_Crecimiento y sentido. Crecer sin acumular 5/6

El sábado 13 de febrero organizamos el segundo Login_ del proyecto Login_MicroEmprendimiento_entre_mujeres para investigar las especificidades del microemprendimiento social urbano practicado entre mujeres de la ciudad de Madrid. En esta segunda sesión nos hacemos algunas preguntas sobre cómo construir relaciones confiables y duraderas y a la vez dinámicas y flexibles.

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Un club de ajedrez. El tablero en el centro

El ajedrez es una actividad deportiva, bastante masculina y poco innovadora. Hemos invitado a Javier para que nos cuente cómo funciona su club de ajedrez federado,
pensando que entender cómo funciona algo que nos resulta ajeno puede ayudarnos a dialogar con nuestras propias experiencias y abrirnos a nuevas preguntas.
Pero, antes que nada, vamos a justificar el interés de esta invitación.

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No lo es, pero se le parece

Un club de ajedrez no es un emprendimiento. Es un deporte o un juego competitivo que persigue un resultado: ganar. También los emprendimientos persiguen resultados: vender, sostenerse económicamente…
Los clubes federados, compiten en una liga que clasifica los equipos por su calidad de juego. Hay ligas de primera, de segunda, regional, etc. Los resultados de las partidas son visibles y evaluables, se ve quién ganó y quién perdió. Los mértios son explícitos. No así en nuestros emprendimiento, en los que tratar sobre pérdidas y ganancias o sobre méritos y contribuciones individuales suele ser incómodo.
La finalidad de las personas que se reúnen en un club es garantizar que pueden jugar. El centro del grupo es la práctica del ajedrez. Viene a ser el servicio / producto que ofrecería una empresa.
Por tratarse de un deporte de competición, la práctica del ajedrez es explícitamente competitiva. Los emprendimientos también se desarrollan en condiciones de competencia, pero estas no son tan visibles.
Para desarrollar una actividad competitiva se tienen que gestionar los méritos (las contribuciones) de cada persona. Aunque esa gestión se hace en todo tipo de grupos, no siempre se hace de forma tan visible y explícita.
El desarrollo de la actividad exige una cierta eficiencia porque cada domingo hay que conseguir presentarse al torneo con los equipos formados, teniendo en cuenta que la participación es voluntaria y que el compromiso puede ser fuerte o débil. El ritmo de las decisiones es constante y no puede parar. Por tanto, los procesos grupales (consenso, arreglos, solución de conflictos) se han de dar sobre la marcha, sin detener ni perjudicar a la actividad principal. Igual suele ocurrir en una empresa.

El valor del ajedrez

Javier es profesor de ajedrez y da clases extraescolares en algunos colegios públicos a niñas y niños. Él resalta el valor social del juego. Cualquier persona en el mundo puede jugar. “Hay tontos, listos y medianos” dice, contradiciendo el prejuicio de que es un juego para personas muy inteligentes. Se puede jugar toda la vida, desde los tres años hasta la vejez. “Es como el caminar” y es una buena herramienta educativa, que genera capacidad de abstracción. A pesar de ser una actividad o juego individual, el entrenamiento o la enseñanza colectiva permite el aprendizaje conjunto: aprende el alumno pero también quien lo enseña.
El ajedrez se usa para tratar la hiperactividad, el alzheimer o algunas adicciones. Hay muchas formas de jugarlo: puede ser adictivo, una forma de socialización, una forma de vida, una forma de trabajo… Para él, cada partida es un relato construido entre las dos personas que juegan, y parte de esa magia tiene que ver con que para jugar y construir ese relato a base de mover las piezas no es necesario conocerse, ni siquiera hablar el mismo idioma. En casi cualquier lugar del mundo se puede jugar al ajedrez y, de hecho, cuando viaja buscan los lugares públicos en los que hacerlo.
Javier forma parte en un club de ajedrez federado. Cada temporada, según las personas disponibles, el club forma sus equipos. Cada equipo pertenece a una categoría determinada, dependiendo de sus resultados anteriores y, como en el fútbol, la competición se organiza por ligas.

Buenos, malos y regulares

El club al que pertenece Javier es un club de barrio, que originalmente formó parte de la asociación de vecinos. Cada domingo se compite, un domingo en casa y otro fuera, por lo que es imprescindible tener un local donde, domingo sí, domingo no, acoger a los jugadores del equipo contrario. Además, el local se usa para guardar el material. Allí se guardan los relojes, los tableros,  etc. y se utiliza los domingos para montar las mesas en las que colocar, más o menos quince tableros. En los dieciséis años de historia del club han recorrido muchos locales, llegando a jugar en algún centro social “okupado”, bares, una galería de arte o una parroquia conservadora. Ahora están en un local fuera del barrio. El club es nómada. No hace ascos a ningún local. La prioridad es tener un sitio en que la actividad se siga realizando y la “neutralidad” de la actividad y del grupo (no conlleva un posicionamiento ideológico, político) les ha permitido habitar tanta diversidad de lugares. La composición del grupo responde a una logística y a unas alineaciones. Son algo más de veinte personas, casi todos hombres, y hay algunos lazos familiares entre personas de
varias generaciones de la misma familia. Todos los domingos compiten en tres equipos de cinco o seis personas que corresponden a tres niveles de juego.
Javier explica que para la continuidad del club es necesario tener jugadores de todos los niveles (buenos, regulares y malos).Los “buenos” aportan lo que, metafóricamente, podríamos llamar la “producción”.

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Consiguen resultados y mantienen abierto un espacio de calidad de juego para que otros (que aprenden o entran) se puedan incorporar. Así el club ofrece una expectativa de ascenso que motiva a algunos de sus miembros (no olvidemos que el ajedrez es un juego competitivo). Los “regulares”, los que todavía no son tan buenos, o los que la temporada anterior se han estresado y necesitan recuperar fuerzas, aportarían, siguiendo con la metáfora, la “preproducción”. Aunque no aporten resultados tan buenos, son necesarios para mantener abierto un espacio en el que los “buenos” puedan “reposar” una temporada, jugando con menos exigencia, sin tener que abandonar el club. Y también son necesarios para posibilitar la rotación, cuando alguno de los “buenos” está enfermo o no puede ir.
Esta configuración, un equipo bueno y otro regular, es más sólida que dos equipos buenos. Aunque aparentemente pueda parecer lo contrario, el club sería más débil si tuviera dos equipos buenos, ya que los flujos internos quedarían más estancados. Sería más rígido, menos dúctil.

Y, finalmente, los “malos” son necesarios para mantener abierto un espacio de cantera, donde puedan integrarse nuevos jugadores que, con el tiempo, quizás nutrirán los otros dos niveles. Además los “malos” aseguran la permanencia del club como grupo, independientemente de sus resultados en la liga, ya que su principal motivación no es jugar la liga (puesto que no tienen nivel para ello), sino practicar el ajedrez como actividad social, en encuentros informales todas las semanas.
Cada equipo tiene un capitán que cada semana decide quién juega y quién no. Su papel es asegurar que todos los convocados estén cada domingo y debe ser ecuánime. Hay que mantener un equilibrio entre las disponibilidades de los jugadores, mantener el nivel de puntuaciones del equipo, para no bajar de categoría, y que todas las personas del equipo jueguen al menos algunas veces, aunque no tengan tan buenos resultados.

Para armar los equipos hacen una reunión al año. No son asamblearios ni les interesa una estructura horizontal. “Es gente ‘gris’, de costumbres solitarias, con sus egos, sus rarezas, y no es en la asamblea donde intercambian, hablan, se relacionan, sino en el tablero”, dice Jabuti.

Cuando todo funciona, hay un equilibrio, una correspondencia, entre la dimensión individual y la grupal, donde lo colectivo es el club y lo individual es lo que se hace en el tablero. Entre estos dos planos, el club permite diferentes modos de implicación, porque incluso la gente no muy implicada aporta y es necesario que esté. Por eso, la participación horizontal no sirve para tomar decisiones y la organización corre por cuenta de los capitanes de los equipos.

En el club lo esencial es seguir jugando al ajedrez. Continuamente hay peleas o enfados, pero el juego continúa estando en el centro.

El club de ajedrez nos habla de que lo esencial es la práctica del ajedrez, y eso se tiene que hacer viable aceptando que los demás no son como te gustaría. Todo lo contrario que una idealización, ha quitado capas de cebolla prescindibles hasta llegar a lo que para ellos es lo importante: continuar jugando. Admiramos esa simplicidad en el modelo, y nos quedamos pensando sobre si sabríamos identificar con tanta claridad qué sería lo esencial en cada uno de nuestros emprendimientos.

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Login_Crecimiento y sentido. Crecer sin acumular 4/6

El sábado 13 de febrero organizamos el segundo Login_ del proyecto Login_MicroEmprendimiento_entre_mujeres para investigar las especificidades del microemprendimiento social urbano practicado entre mujeres de la ciudad de Madrid. En esta segunda sesión nos hacemos algunas preguntas sobre cómo construir relaciones confiables y duraderas y a la vez dinámicas y flexibles.

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Crecer en la periferia. Una apuesta por sostener el grupo y la propia vida

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Raquel se ha quedado impresionada al entrar al Colaboratorio, un espacio de coworking cooperativo al que regresamos en este segundo Login_. Hace algunos años cuando trabajaba en una ONG, su espacio de trabajo era parecido a éste y viéndolo ahora se da cuenta de cuánto lo echaba de menos.

Raquel es bióloga y desde hace más de quince años trabaja en proyectos de intervención social y educación ambiental. Decidió dejar la ciudad e irse a vivir a la Sierra Norte de Madrid buscando una vida tranquila más cerca de la naturaleza.

En la sierra trabajaba como educadora social llevando a cabo proyectos en institutos y centros de juventud. Ahí se unió con otros compañeros que hacían cosas similares. Trabajar con otros le resultaba estimulante y permitía contrastar enfoques ante dificultades o dudas. Era reconfortante.

Ante una exigencia por parte de la administración de generar algún tipo de estructura empresarial para poder facturar el trabajo que realizaban, y viendo que se entendían bien, decidieron montar una cooperativa de trabajo asociado. Compartían un enfoque educativo-político que apuesta por nutrir el contexto rural que habitan, su sostenibilidad y el crecimiento y desarrollo en red con otras iniciativas tanto empresariales como asociativas.

Al principio tenían varios meses de trabajo asegurado y mucha energía para impulsar y buscar nuevos proyectos. Lentamente fueron consiguiendo proyectos que posibilitaban seguir adelante. Sin embargo, los niveles de incertidumbre y precariedad eran altos.

¿Cómo crecer?

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Dos años después del inicio, por circunstancias personales uno de los tres socios decidió salir. Con dos personas el proyecto se fragiliza. Son pocas, y el trabajo es demasiado. Deciden crecer y ofrecen la cooperativa como plataforma para proyectos afines. Al no tener recursos para contratar a otras personas, realizan una convocatoria abierta a proyectos relacionados con sus líneas de acción, ofreciendo la cooperativa con sus recursos ya en funcionamiento (imagen, contabilidad, marketing, etc.) como plataforma de facturación, contratación y espacio de apoyo y desarrollo de nuevas ideas y proyectos. La respuesta fue positiva y les contactaron muchas personas de la sierra y de Madrid. Entrevistaron a todas y, finalmente, consideraron que había cuatro personas con las que consideraban viable formar grupo.

Sin embargo, activar estas propuestas y proyectos resultó ser muy difícil. Mientras se busca financiación para poner en marcha las ideas, las personas necesitan obtener ingresos, por lo que no pueden dedicar mucho tiempo al desarrollo de estos nuevos proyectos. Esto dificultó que las colaboraciones se asentasen.

En estos momentos el segundo socio pidió una excedencia para embarcarse en una nueva experiencia vital.

Ahora Raquel está ella sola en la cooperativa, con algunas colaboraciones no muy sólidas que han surgido a partir del llamamiento para crecer. Trabaja en casa, en su salón, y echa de menos no tanto un espacio físico compartido sino el entramado de relaciones. “Tener un espacio de trabajo con otras es un lujo”, dice.

En el grupo resuena esta pregunta: ¿Estamos cansadas del salón o de la soledad del salón? Quizá el problema no es el salón en sí, sino la falta de relaciones cuando las energías están bajas.

La tristeza por la marcha de sus compañeros, el estar siempre justa de dinero, la incertidumbre de qué pasará el mes que viene, se mezclan con la satisfacción de haber cumplido casi cuatro años de empresa cooperativa trabajando en lo que ella quiere, de haber aprendido muchísimo, y con la alegría de vivir donde ella ha elegido y poder dar largas caminatas cada día con su perra.

No duda sobre lo que quiere hacer. Tampoco sobre el deseo de hacer con otras ni sobre cómo ni dónde. Y, sin embargo, parece que ante los nuevos intentos lo que emerge una y otra vez es la dificultad.

Cuando preguntamos a Raquel qué es para ella crecer, nos contesta “ser capaz de más, capaz de ser más feliz, de tener más herramientas, de hacer con otras”.

El Login_ está finalizando. Pero, antes de terminar, queremos darnos espacio para un contrapunto: un club de ajedrez federado. Por unos momentos nos alejaremos de los emprendimientos entre mujeres, descansaremos la mirada con otras visiones que, precisamente por no tener punto de comparación, nos pueden inspirar en “lo nuestro”.

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El sábado 13 de febrero organizamos el segundo Login_ del proyecto Login_MicroEmprendimiento_entre_mujeres para investigar las especificidades del microemprendimiento social urbano practicado entre mujeres de la ciudad de Madrid. En esta segunda sesión nos hacemos algunas preguntas sobre cómo construir relaciones confiables y duraderas y a la vez dinámicas y flexibles.

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La Manual. A medio camino entre el salón de tu casa y tu propia tienda o taller

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La Manual es un espacio de coworking para artistas y artesanos en el barrio de Malasaña (Madrid). Es un local de planta baja, de tamaño mediano, muy cuidado y muy acogedor. Nos reciben Sandra y Zaloa, y nos explican cómo surgió esta iniciativa.

Sandra y Zaloa se conocían y habían trabajado juntas. En un encuentro casual, en 2012, conversan sobre las dificultades de encontrar un espacio de coworking para actividades que generan ruido, olores fuertes o polvo. Zaloa, en esos momentos, junto con otra amiga está poniendo en marcha un proyecto artesano: Altrapo Lab.

Altrapo Lab es un laboratorio de reciclaje textil creativo para recuperar el valor de la ropa y aprender a coser de manera intuitiva y creativa. Surge con el propósito de aunar el consumo responsable y la moda sostenible a través del reciclaje textil creativo. A falta de un local más idóneo, inician la actividad en una habitación que les cede un familiar en su piso. Por su parte, Sandra también baraja poner en marcha algún proyecto artesano. Quiere un espacio creativo, donde los proyectos artesanos encuentren un ambiente relajado e inspirador.

De ese encuentro casual, de la confianza mutua y de la convicción de que hay escasez de este tipo de espacios, de que son necesarios y de que ambas forman un buen equipo, surge La Manual.

Su principal motivación no es el negocio, sino ofrecer un recurso y un servicio a personas que se dedican a la artesanía (joyería, cuero, lana, artes aplicadas…) desde una perspectiva profesional, así como enriquecer y nutrir sus propios proyectos personales (para Zaloa, Altrapo Lab; para Sandra, un proyecto todavía por determinar). “Tener alguien con quien empezar te da fuerza y es más rico”.

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Estabilidad y dinamismo

La Manual es un espacio dinámico, en el que es importante que haya un flujo de gente. Las relaciones han de ir cambiando. Y la configuración física del espacio (dónde pongo esta mesa, dónde esta estantería) es totalmente modular para permitir esta movilidad. Los reajustes son continuos. La estancia media de las y los “coworkers” (habitantes de La Manual) es de un año. A veces se van porque sus proyectos no salen adelante. Otras veces se van porque han crecido y dan el salto a su propio espacio.

Hablan de La Manual como una casa creativa en la que solo hay dos normas: la primera es que el espacio está abierto las veinticuatro horas del día, ya que cada cual tiene sus horarios y sus momentos de inspiración. La segunda es que la única llave es la de la puerta de la calle. Los espacios interiores no tienen llave. Eso fomenta la confianza y la co-implicación en el espacio compartido.

El balance que hacen, después de cuatro años de funcionamiento, es desigual. En lo económico, los resultados son muy justitos. El proyecto ha conseguido cubrir todos los gastos, sin embargo la dedicación que exige en la gestión y coordinación se sostiene a través de una media jornada que no siempre cubre el trabajo que conlleva. Por otro lado, Malasaña es un barrio gentrificado y el metro cuadrado es muy caro. Han pensado trasladarse, ya que esto abarataría mucho los costes, sin embargo lo han desechado porque la mayoría de coworkers valoran mucho poder ir caminando al taller. Esta carestía implica que deben irse actividades que requieren más espacio físico. Entre ellas, la actividad textil, que precisa mesas grandes para las actividades de patronaje, corte, etc.

Uno de los proyectos “expulsados” es el propio Altrapo Lab. Durante estos cuatro años Altrapo Lab se ha desarrollado en La Manual y ha aportando mucho valor. Pero el proyecto ha crecido, necesita más espacio y se va a mudar a un coworking más barato.

En lo personal, Sandra es quien ha dedicado media jornada a impulsar la Manual. Explica que eso ha restado fuerzas a sus proyectos personales, que no ha podido desarrollar como esperaba. Es difícil balancear el tiempo entre dos proyectos, la gestión de La Manual le ha absorbido mucha energía, y no ha podido despegar ningún proyecto personal. Ahora planea irse fuera, emigrar a otro país. Una amiga le ofrece trabajo, siente que La Manual ya le ha dado todo lo que podía darle y está contenta con el cambio de etapa.

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La Manual, por tanto, perderá a sus dos iniciadoras. Van a traspasar la gestión del espacio a otro grupo. Son conscientes de que va a haber un cambio de identidad. No lo lamentan.

A pesar de esos balances desiguales, entre ellas se mantiene la amistad y la confianza. Durante toda la conversación flota la idea de flujo, transformaciones, procesos… La Manual, en sus propias palabras, es una lanzadera, un espacio intermedio entre trabajar en tu piso y dar el salto a tener tu propia tienda o taller.

En el debate se comenta cómo los proyectos que crecen y salen adelante podrían aportar algún tipo de retorno al espacio que les ayudó a forjarse (a veces debilitando su propia economía), para crear un flujo de retornos lo más extenso posible, que conecte lo nuevo balbuceante con lo más estable o consolidado, en una espiral de apoyo mutuo.

La evolución de los proyectos, los cambios, los retornos a las personas y espacios que nos sostienen cuando nacemos acompañan las conversaciones durante la comida. Bocadillos de tortilla de patata y fresas alimentan nuestros cuerpos mientras los cerebros siguen rulando. Caminando, volvemos casi al punto de inicio del recorrido, en el Paseo de las Acacias nos espera otro proyecto y café e infusiones calentitas para entrar en calor, en el Colaboratorio.

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Login_Crecimiento y sentido. Crecer sin acumular 2/6

El sábado 13 de febrero organizamos el segundo Login_ del proyecto Login_MicroEmprendimiento_entre_mujeres para investigar las especificidades del microemprendimiento social urbano practicado entre mujeres de la ciudad de Madrid. En esta segunda sesión nos hacemos algunas preguntas sobre cómo construir relaciones confiables y duraderas y a la vez dinámicas y flexibles.

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Una asesora profesional. Acompañar ideas de negocio y procesos subjetivos

 

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El Puesto en Construcción, nos explican Laura y Pablo, es un espacio de trabajo multidisciplinar en un puesto del mercado alquilado, que ellos mismos han acondicionado con criterios de bio-construcción. Actualmente son cinco personas (arquitectos, editores, artistas) y ceden el espacio a otros colectivos, ya que el mercado, para ellos, es un servicio público y debe estar abierto a los procesos comunitarios que allí se dan. Desde el Puesto en Construcción investigan esta participación en el proyecto Mercado habitado, integrante también del programa “Una ciudad muchos mundos”.

Enseñando y aprendiendo

Una vez acomodadas, Charo se presenta y nos cuenta que se dedica a la gerencia asistida y desde hace algunos años ha participado en varios proyectos de apoyo y asesoramiento a personas emprendedoras, especialmente a mujeres. Charo estudió Empresariales y ha trabajado muchos años en empresas como grandes auditoras y bancos. Sin embargo, lo que ella considera su “master” es un pequeño negocio familiar iniciado justo antes de empezar la crisis. Ahí es donde aportó los conocimientos profesionales adquiridos en sus trabajos anteriores y pudo “aterrizarlos”.

Otro de los proyectos en los que Charo se ha embarcado es la asociación Otro Tiempo. Trabajan la prevención de la violencia de género. Aunque no es un proyecto empresarial, varias mujeres han conseguido renta de manera más o menos estable contratadas por la asociación, buscando subvenciones y desarrollando otras vías de financiación, como impartir formación u ofrecer consultorías y asesoramiento integral en políticas de igualdad y violencia de género.

Uno de los proyectos de la asociación es Otro tiempo, otro planeta. Consiste en la recogida de aceite usado de cocina y ofrecen una oportunidad laboral a mujeres en riesgo de exclusión social y/o víctimas de violencia de género.

¿Hay diferencias entre los emprendimientos convencionales y los sociales?

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Charo cuenta que ha recibido formación especializada en emprendimiento social de una importante escuela de negocios. Esta experiencia le permite comparar los conocimientos que se ofrecen desde las escuelas de economía convencionales y los programas que acompañan a emprendimientos sociales. Dice que ella ha visto que los conocimientos son los mismos, aunque la calidad de los formadores y de las metodologías de las escuelas de negocios son muy buenas. La diferencia tiene que ver con el lenguaje. Las estrategias y las palabras que se usan son distintas: marketing, buen diseño, coaching, branding, etc. “Si no manejamos este lenguaje quedamos fuera de juego”, observa.

Para Charo, “lo más valioso ha sido entender que más allá de la diferencia en el objetivo, el lucro o la transformación, lo que da viabilidad y hace que funcionen una empresa social y una empresa convencional es muy similar. Pero hay diferencias de clase social. Si tienes buenos contactos, desde la empresarialidad convencional podrás llegar a grados altos de financiación que la mayoría de las mujeres que quieren emprender y acuden a servicios de la administración no tienen”.

Emprender es, además, un proceso subjetivo

Una de sus últimas experiencias laborales acompañando a mujeres emprendedoras ha sido en un municipio próximo a Madrid. Comenta que, aunque el proyecto se centraba en economía social y cooperativismo, lo social y lo colectivo “se desplazaban” porque el 90% de las mujeres que acudían lo hacían solas. Además de ser proyectos individuales, el perfil de mujeres que ha acudido al servicio es el de mujeres que se han quedado fuera del mercado laboral por su edad o porque han criado y les resulta difícil volver. “Todas buscan algo aunque muchas no saben bien qué. Necesitan pasar a la acción aunque sienten miedo o inseguridad, pero quieren salir del aislamiento que provoca el desempleo”. Charo nos plantea que son pocas las mujeres que llegan con una idea muy clara de negocio.

Lo que más le gusta de su trabajo son las subjetividades que intervienen. “Las mujeres llegan al recurso de asesoramiento con una idea más o menos trabajada y una experiencia laboral y vital. Yo trabajo con esas ideas de negocio, sus recorridos vitales y profesionales y la parte subjetiva: ¿qué te pasa a ti con esa idea?

Basándose en este trenzado de experiencias propias y actividad profesional, Charo comparte algunas de las conclusiones sobre las mujeres que emprenden, el tipo de proyectos que persiguen y los recursos públicos que ofrecen acompañar estos procesos, a las que ha llegado.

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Las mujeres que quieren emprender están en red. Aunque los proyectos sean individuales, se sostienen gracias a redes familiares, de amistad y de alianzas entre mujeres que están iniciando su actividad, convirtiéndose en proveedoras y clientas que intercambian recursos para abaratar costes. En el caso de mujeres migrantes, esta red se conforma entre compatriotas, conformando comunidades muy sólidas en las que tienen un importante papel personas que permanecen en los países de origen.

Los recursos de apoyo al emprendimiento que ofrecen las diferentes administraciones a menudo son insuficientes por que sólo trabajan la parte formal: la publicidad, el marketing, el plan de empresa. Este lenguaje resulta ajeno para muchas mujeres, y es necesario realizar una traducción desde las ideas de negocio que traen a los aspectos que es necesario tener en cuenta a la hora de poner en marcha un proyecto. Plasmar todo ello en un plan de empresa que resulte útil es muy difícil, y más hacerlo sola.

A pesar de toda la publicidad no hay ayudas suficientes: “la mayor dificultad para comenzar está en el acceso a la financiación que, sin garantías ni apoyo económico previo (ahorros, préstamos, pequeñas inversiones), no se obtienen. Los proyectos que empiezan no pueden ofrecer garantías. Puedes tener un plan de empresa pero el papel lo aguanta todo. Es cuando se pone en marcha cuando se ve si funciona. Muchos proyectos no aguantarán, pero sin nada de inversión sus posibilidades son más escasas.”

Pegadas a las circunstancias

Preguntamos a Charo con qué conectan las ideas de las mujeres emprendedoras, ¿con oportunidades que ofrece el mercado?, ¿con sus pasiones? Responde que en los emprendimientos de mujeres no hay ideas “a lo grande”, y lo ve como un déficit. Los proyectos de las mujeres son pequeños. Muchas veces las ideas surgen de lo más cercano y están pegados a las circunstancias (no tener dinero, estar aislada, estar criando). Por ejemplo, una mujer tiene un bebé y construye collares de lactancia para vender. Otras tienen una idea a partir de una habilidad, como cocinar o coser.

En algunos casos, el hecho de que el emprendimiento esté «pegado a las circunstancias» expresa una debilidad de los proyectos.

Al redactar este texto,y con algo de distancia respecto a la conversación con Charo, reflexionamos sobre el hecho de que algunos grandísimos emprendimientos surgieron como necesidad propia, “pegados a las circunstancias”, Por ejemplo, Youtube o Facebook.

La diferencia entre los collares de lactancia y Youtube quizás no sea tanto la idea (que parte de una necesidad-pasión inmediata concreta, «pegada» a la situación), sino la visión y proyección de esa idea.

Esto está relacionado con la escala. En un proyecto, el crecimiento, la capacidad de escalar puede tener mayor centralidad o ser más periférico. Por ejemplo, una mujer que produce jabones artesanos puede plantearse aumentar la producción como objetivo a corto plazo. Otra productora pone en el centro el cuidado en los modos de trabajo y hace la cantidad de jabones que puede hacer con sus manos, de manera artesanal, directa y con un proceso muy cuidadoso, casi de piezas únicas. Sin embargo, la diferencia de precio entre uno y otro jabón no podrá ser excesiva.

Salimos del Mercado de San Fernando y tomamos el autobús. Desde Lavapiés a Malasaña, rumbo a La Manual.

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Aquí puedes continuar leyendo el relato del Login_Crecimiento y sentido. Crecer sin acumular.

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